jueves, 28 de abril de 2016

Que agradable es escuchar nuestro nombre...ese sustantivo propio que nos sabe a hogar, a familia, a confianza y seguridad. Fomentar el respeto por el otro incluye usar de manera adecuada el nombre con el que nos bautizaron, ese que nos regalo nuestra madre, padre o el adulto cercano que tuvo a bien nombrarnos por primera vez. He conocido personas con infinitud de apodos, casi todos despectivos,  muchos de ellos colocados por padres, madres, familiares y hasta docentes, y estos son llevados estoicamente por el apodado hasta el fin de sus días. Formemos parte de la construcción de una autoestima positiva en nuestros muchachos, usemos su nombre y no fomentemos el uso de apodos en los grupos.